24 de septiembre de 2012


Muchas veces pensamos que tenemos todo controlado, que las cosas van por el camino correcto, que ya todo va a ser más fácil y justo cuando creemos estar en nuestro mejor momento ocurre algo inesperado que nos cambia el curso de las cosas. Un golpe del destino que nos desequilibra y desorienta. Que termina con cada uno de nuestro planes y nos hace replantearnos todo nuestro presente y también nuestro futuro. 
Cuando nos pasan estas cosas nos damos cuenta que no todo está al alcance de nuestras manos, que no tenemos, ni lejos, el control de lo que nos rodea, que por mayor esfuerzo o mejores intenciones que tengamos  nos es imposible hacer que todo salga como queremos. 
Se nos cae el cielo encima cuando menos fuerzas tenemos para sostenerlo y seguir. Se nos hace casi inalcanzable pensar con claridad. 
Ante estas cosas me gusta ver la vida como un libro. Un libro lleno de capítulos, de vueltas que no esperamos pero que sin embargo son las que lo hacen entretenido. Un libro en el que cada capitulo suma a la historia, cada personaje aporta un poquito para que el protagonista termine siendo lo que es y el final sea lo mejor posible. No hablo precisamente de finales perfectamente felices sino de un libro completo, lleno de historias de amor, amistad, alegrías, tristezas, dolores, caídas y logros. 
Pensar la vida así, es pensar que cada final significa un nuevo comienzo.

"Como un libro que no sabes el final y te asusta lo que lees. Así la vida es. 

Cuando naces ya te expones al dolor y de a poco y con valor, logras crecer. 
Y como un libro el corazón nos enseña que hay temor, que hay fracasos y maldad, que hay batallas que ganar. Y en cada pagina el amor nos convierte en luchador...
No te caigas que vivir es aprender y no hay nada que temer si crees en ti. 
Solo Dios sabe dónde y cuándo la vida no sera. Lo has echo bien. Solo con un sueño todo 
sabrás como vencer". 


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