11 de mayo de 2014

Pequeños gestos que significan mucho. 
Con noventa y ocho años y gran lucidez ella entra a su antigua habitación a dar alientos y fuerza a una mujer recostada en una cama que sin moverse pero con una mirada comunica su estado. Le acaricia la cabeza y la besa, le dice que tiene que ser fuerte y salir adelante pero se nota es sus movimientos que no tiene mucha fe en que lo logre, repite las caricias sin querer irse y con el dolor de lo que podría ser una despedida, mira la habitación con cierta intriga y nostalgia, no sabe por qué la trasladaron y no le gusta la idea de abandonar a su compañera estando mal. 
Yo estaba parada junto al marco de la puerta mirando con atención y sintiendo que se inundaba el ambiente con un clima de gran privacidad y entendimiento más allá de la ausencia de respuesta. 
Fue un pequeño gesto sentido y sincero, cargado de cariño, empatía y un intento desesperado de esperanza. 
Esto fue lo que me conmovió, la sinceridad y transparencia, los  sentimientos a flor de piel, la vida misma en un solo acto, en un momento donde encontrar gestos reales es cada vez más difícil entre imágenes creadas para poder complacer a la sociedad y actos por pura conveniencia. 

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