1 de junio de 2014

Jugando con los más chiquitos de las familias, volviendo a tener 2 años, corriéndolos, subiendo y bajando una y otra vez al tobogán, averiguando el porqué de sus enojos repentinos y volviendo a ser amigos a los pocos segundos, manejándonos con palabras claves y dedos que señalan, exclamaciones y sonrisas. Viendo divertida como su mayor problema es tratar de trepar el tobogán por el lado de la rampa en vez de la escalera y evitar a sus madres que a toda costa buscan meterles pedazos de comida en la boca.
Observando la simpleza e inocencia y aprendiendo de ellos, absorbiendo la alegría que les causan las cosas más pequeñas. Disfrutando de esos abrazos repentinos y desesperados que buscan seguridad y protección cuando se acerca alguien desconocido o algún perro que quiere "atacarlos" para jugar. Riendo con ellos en cada nuevo gesto que logran.
Momentos que llenan el alma de ternura, inocencia, alegría y paz. Disfrutar desconectandome un rato de todo.
Y por esto a la pregunta ¿Te gustan los chicos? la respuesta sale sola y sin pensarla, y al gracias de las madres por "cuidarlos" tengo que devolver un gracias por compartirme la magia de sus hijos. 

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