25 de febrero de 2015

Que linda es la lluvia cuando llega significando paz, siendo solo parte de un día que adaptamos para disfrutarla, cuando trae consigo ese brisa fresca con olor a humedad y el cielo se tiñe de gris. 
Sin embargo cuando esta misma lluvia cambia su significado de paz a destrucción es cuando en vez de ser eso que disfrutamos es una catástrofe que no podemos controlar y sabemos que si no para va a arrasar con todo. 

Hace un tiempo, cuando mi abuela santafesina vino a visitarme, me contaba qué lindo era dormir en este departamento de Rosario las noches de lluvia... (y me dejó pensando...) 
Sus noches de lluvia no son justamente acostarse a disrutar del ruido de cada gota sobre el techo o el asfalto, sino que se tratan de contar cada gota que cae, levantar la mayor cantidad de muebles del piso, y ponerse a rezar al compaz de esa lluvia mientras sabe que todo lo suyo peligra, ya lo vivió...
Años atrás tuvo que encontrarse después de uno de estos días de lluvia parada en la terraza del vecino mirando como por el techo de su propia casa pasaban sus cosas flotando. Tuvo que volver a entrar y encontrar pisos levantados, paredes terriblemente mojadas, electrodomésticos rotos y lo más triste, todas sus fotos y recuedos en papel ya no existían. 

Así es como todo tiene el color de lo vivido y hay significados tan personales como reales. Así es como esta lluvia que me encanta en Rosario ruego que pare en Santa Fe.

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