10 de enero de 2016

Esos artistas callejeros que interceptan con valentía momentos ajenos me generan un cierto grado de admiración. 

Mientras algunos ignoran, otros se quejan del ruido y el resto, sin dudas los mejores, se enganchan con sus canciones y los acompañan, yo los miro atenta pensando. 
Pensando en sus vidas, particularmente los últimos, por ejemplo, eran venezolanos. Pensando en que hizo que lleguen a donde estan y sean quienes son, si la recaudación de esa gorra será el dinero con el que cuentan para vivir y cubrir todos sus gastos. Pero sobre todo pienso que no es un trabajo cómodo, tampoco valorado, pero que lindo es encontrar personas que en estos días resignen comodidad y grandes reconocimientos por hacer lo que aman hacer, eso que les genera disfrute más alla de los resultados. 
En estos días en los que cuando decidimos que hacer siempre nos cruzamos con esas carreras a las que nuestro inconciente y las palabras de quienes nos rodean responden "te vas a cagar de hambre".

Desde chica me da ganas de gritarles a todos los osan usar esa frase, incluyendo, a veces, las ganas de gritarme a mi misma por el solo hecho de pensarlo. 


Pero que se yo, después aparecen ellos, y la sonrisa que encontré en sus caras mientras "trabajaban" no se si la encontraré en algún súper ejecutivo, con una súper cuenta en el banco, cumpliendo con sus tareas.

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