27 de enero de 2016


Convivencias en determinadas circunstancias con quienes no suelo convivir me abren un mundo de posibilidades, combinaciones infinitas entre personas, ver eso que normalmente se limita al entorno en el que paso todos mis días.

Vacaciones, eso ayuda, pero hay esencias que perduran.

Me encontré sintiéndome encantada al presenciar miradas profundas que transmitían dulzura, un amor que podría haberme parecido de lo mas normal a no ser por lo extraordinario que fue al notarlo entre personas que conviven, familiares de primer grado. Pequeños gestos que hubiera pasado por alto, una caricia, una sonrisa, un algo que se sentía en el ambiente cuando se conectaban entre si.

Algo completamente mágico.

Y descubrir que existe ese algo tan puro entre personas es un aire de esperanzas al mismo tiempo que se convierte en condena diaria porque hay que volver a casa... Y más allá de que con este me llevo bien y con aquella peleo, más allá del roce entendible, en casa nunca ví esas miradas, en casa nunca sentí la armonía que producen seres que se conectan.

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