10 de mayo de 2016

Hoy, estábamos terminando, como cualquier martes o jueves, la recorrida (en la que miembros del movimiento solidario rosario repartimos comida y algo calentito para tomar, por Pellegrini, para quienes por allí se encuentren y lo necesiten, a demás de distintos tipos de donaciones que conseguimos en base a lo que nos piden) cuando llegamos a la plaza López en la que Jorge siempre nos espera para recibir su bandejita. Hoy estaba también Emilio, quien entre apuros nos hizo un par de señas y salió corriendo. Ante esto mis compañeras reaccionaron diciendo que debía estar buscando las flores que les había prometido la vez pasada. Dicho y hecho llegó en seguida con 4 flores en la mano y una sonrisa enorme que perdió firmeza al notar que éramos más chicas de las que esperaba, frenando sus lamentaciones nos repartimos las flores y una vez solucionado esto, recibió el bolsito que teníamos destinado para él.
Con un entusiasmo desbordante suelta "¡Pero yo con esto soy como Gardel con guitarra eléctrica!" incluso antes de abrirlo para inspeccionar.

Desde mi lugar yo lo observaba, admirada de su felicidad y exceso de buena onda, conmovida por como valoraba cada pequeño detalle con una emoción propia de un niño, al rato nos fuimos entre despedidas revolucionadas de agradecimientos mutuos, nosotras contentas con nuestras flores y el con sus cositas nuevas.

Yo llegué a mi casa, desde donde pienso en él y su lindo gesto pero, él para donde fue? Cuanto frío pasó durante el día? Que tanto servirá esa frazada que acabamos de darle en donde sea que tenga que intentar dormir? Cómo será su vida? Más allá de las respuestas a todas estas preguntas el se tomó un segundo y tuvo un gesto hermoso, se robó 4 sonrisas y disfrutó de lo que le ofrecimos como si se tratara de un lujoso regalo.
Con esto quiero llegar a que, si él pudo y puede, podemos todos.

Romper la barrera que hay entre el otro y uno es mucho más fácil de lo que parece, una vez que se cruza la puerta de los prejuicios propios, el otro está ahí, a veces ansiando ser escuchado o por lo menos no ser maltratado.

Otro señor, la semana pasada, respondía a una de las chicas que le comentó que lo había visto y saludado por tal lugar: "Ahhh, sí, eras vos! Yo te saludé como sorprendido porque yo les voy a decir una cosa, se que hoy las mujeres tienen miedo y yo soy un negro fiero por fuera pero por dentro mi corazón es bueno, cuando vi que me saludó no me lo es
peraba, me dejó sorprendido".

Un simple "Buen día!", una sonrisa al pasar, una contestación amable, pueden repercutir muchísimo en el otro. Por que no todo es tan simple como nos gusta pensar y nadie esta pidiendo en la calle porque quiere.

La vida puede cambiar en un segundo para cualquiera y nunca sabemos qué es lo que nos espera pero, mientras tengamos todo, nunca esta de más mirar para un costado y pensar un segundo que quienes ahí se encuentran son personas, grandes, enfermas, niños, gente educada por la vida a los golpes, con enojos entendibles y rencores contra este mundo en el que mientras a muchos les sobra a otros les falta tanto.

Yo me siento afortunada porque cuando llego a mi casa de la recorrida siento que recibí más de lo que dí, que me traje miradas de esas que llegan en serio y profundo, sonrisas sinceras, algunos abrazos fuertes y otros tímidos llenos de vergüenza, alegría y agradecimiento por cosas simples que me recuerdan que realmente es muy poco lo que hace falta para ser feliz y lo agradecida que tengo que estar de tener todas las oportunidades que tengo.
 
Miremos más allá de nosotros mismos que hay un mundo a nuestro alrededor.

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