22 de julio de 2016


Y hablábamos de ese mismo nosequé imposible de explicar, entendiéndonos entre palabras cortadas al sentirlas erradas en bien comenzaban a salir de nuestra mente a la boca, tartamudeos, gestos y miradas.

Hablábamos de esa conexión casi instantánea, química especial, que surge con ciertas personas a los pocos segundos de conocerlas. O que, a veces, se demora pero algo despierta la complicidad y una vez que se instala, ya está, no se va.
Esa intriga profunda por descubrir de quien se trata, cierta ansiedad medio nerviosa y la inseguridad que genera el sentirse raro y no querer demostrarlo por temor a que el otro se incomode por no compartirlo.

Hablábamos de sentir que encontramos una de las figuritas difíciles del álbum, el rayito de sol que se escapa entre nubes en un día de frío, de ese suponer que podrían surgir del conocernos largas charlas interesantes o simplemente momentos constructivos, y la admiración que aparece a lo que el otro puede ser/dar. 
Como tomar un libro entre muchos, sin demasiadas expectativas, y que la parte de atrás te genere terribles ganas de leerlo, como si fuera la promesa de que será especial.

Hablábamos de que nos acostumbramos a buscar entre tantos a esas personas especiales, de cuanto valoramos esa brisa de verano que sentimos al encontrarlas. 
De lo difícil que es enfrentarse a un mundo tan lleno de gente pretendiendo ser normal mientras mata su muchosidad, o que, simplemente, es "normal".

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