10 de noviembre de 2016


Se acostumbró a disfrutar de esas situaciones excepcionales que tienden a ser frustrantes o frustadas. 
          A encontrar en el hecho de que las cosas no salgan como supinía que debían salir cierta mágia,
 un toque especial. 
Comenzó a admirar la fuerza propia de los hechos, 
esa que tiraba hasta ganarle a voluntades necias que suelen creer poder salirse con la suya.
A vivir y sentir la frustración de esa voluntad 
con todo el placer con el que abría un libro y preparaba un café cuando de repente se largaba a llover ese día de sol que ya tenía planes al aire libre. 

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